viernes, 31 de julio de 2009

La ciencia imaginaria por Bruno Estañol




El libro de Oscar de la Borbolla, La ciencia imaginaria, es un libro imaginario. Pone en acción ese mecanismo misterioso que es la base de la creatividad humana y que hemos convenido en llamar imaginación. A mí me interesa indagar en los mecanismos creativos de los narradores. Cuando De la Borbolla me dio el título de su libro le contesté que era tautológico. En efecto toda ciencia es imaginaria porque las hipótesis que generan los experimentos son producidos por la imaginación. La construcción de modelos de la realidad que llamamos teorías son también generadas por la imaginación. No está de más anotar que son sólo aproximaciones a la realidad y en ese sentido también son imaginarias. Los textos que componen La ciencia imaginaria son, ciertamente, ejercicios de la imaginación o ejercicios en lo imaginario, pero estas frases no dicen nada o casi nada sobre la extraordinaria actividad mental que ha generado estos textos. Indagar en esos mecanismos mentales, es probablemente un intento vano, pero que sin duda me interesa. Los textos fantásticos mexicanos son escasos, en contraste con los textos de los autores sudamericanos. Aunque los cuentos de Oscar de la Borbolla son fantásticos, porque se alinean entre esa Borrosa frontera del sueño y la realidad no son fácilmente clasificables. La estructura de los cuentos es la siguiente: un apócrifo científico mexicano, que pertenece sin duda a la categoría de "mad scientist" inventa o propone un objeto o una hipótesis extravagante. Esa hipótesis puede parecer a primera vista un "exercise on futility" pero por algún mecanismo misterioso, revela algo profundo o tal vez oculto de la realidad. He dudado en cómo llamar estos ejercicios. Una aproximación que quizás haga algo de justicia a estos cuentos desaforados, sea el de experimentos mentales. La palabra experimento mental viene del alemán Gedankenexperimenten y ha sido actividad predilecta de los físicos y de los filósofos. Baste recordar los experimentos mentales de Einstein, de Schrödinger y de los filósofos William Molyneux y de Etienne Bonnot de Condillac. Los cuentos de Oscar de la Borbolla están escritos en una prosa precisa y elegante que a veces traiciona su formación filosófica en general y epistemológica en particular. Los héroes de la ciencia imaginaria son epistemólogos disfrazados de científicos. Aceptan que la realidad es más compleja que lo que imagina la ortodoxia. Saben que muchas teorías de la llamada ciencia normal son tan difíciles de probar como las que ellos proponen.
Los héroes de La ciencia imaginaria son:
--Dos neurocirujanos belgas, de apellidos ingleses, James King Loder y John Miller Review, a quienes se debe el maravilloso método de transfusión de recuerdos. Quisieron intercambiar sus memorias, pues cada uno había estado siempre enamorado de la esposa del otro.
--Los médicos mexicanos Israel Murguía López y Josefina Santibañez de Murguía. Recibieron medio millón de dólares por sus estudios en lunarología: ciencia que consiste en determinar con "relativa exactitud los años que vivirá una persona, computados a partir del número de lunares que posea".
--El narrador anónimo que encuentra unas gafas estéticas que corrigen o atenúan la fealdad del mundo.
--Javier Esparza, de 42 años, a quien su mujer y su amante le asestaron simultáneamente sendos elíxires d' amore con la consecuencia funesta de una fiebre estrábica de amor.
--La nueva tienda de mascotas que hace de los animales, otrora más feroces, mansos domésticos y que pone en peligro de extinción a los animales salvajemente libres.
--El señor Mario Melkin, otorgador del curso de educación del sueño, llamado Paideia Onírica y quien receta el mantra infatigable e infalible Torondó, spok, lalá.
--Los anónimos y geniales compatriotas, con una prolija y brillante trayectoria, que inventaron o descubrieron la regresión genética y la posibilidad de invertir la flecha termodinámica del tiempo hasta llegar a la posibilidad de convertirse en niños chicos o hasta en fetos.
--El innombrable, gran asesino, que nació para ser homicida.
--El doctor Gerardo Trueba López, que inventó: "una especie de osciloscopio que registra el aura" de las personas no se sabe con qué propósitos.
--El doctor Arturo Slim Conde, infatigable simplificador de ideas complejas y una amenaza para la literatura.
--El doctor Guzmán López quien descubrió que quienes duermen a la izquierda mueren antes que sus compañeras de lecho: 95 de cada 100.
"Al narrador le está permitiendo conocer la fábula pero no la moraleja", la cita es de Borges y revela algo muy interesante sobre el proceso creador. Implícito está que la literatura, y en particular la narrativa, no se hace para probar, demostrar o enseñar algo. También que la narrativa no es creada por un proceso puramente intelectual o deliberado. La mayoría de los temas narrativos se le imponen al autor de una manera involuntaria. Por eso es que la tesis de la "memoria involuntaria" de Proust sigue siendo la mejor para aproximarse al misterio de la creación literaria. Si no me equivoco demasiado, Oscar de la Borbolla tiene varios "ghost writers" que le dictan sus ficciones desde algún lugar remoto de su inconsciente. Lo que los psicoanalistas llaman "proceso secundario", es decir, su racionalidad, las organiza en limpias estructuras sintácticas y semánticas. Oscar de la Borbolla es un loco organizado. O tal vez De la Borbolla no existe sino que es un ectoplasma que cobra vida en la corporeidad de sus personajes. Lo que sí sé es que su literatura desemboca en un ataque feroz contra las convenciones y lugares comunes.
Los hombres y mujeres de todos los tiempos no quieren ser engañados ni tampoco que les digan la verdad. Queremos vivir con nuestras ilusiones y verdades a medias. Las ilusiones son mentiras a las que nos aferramos para que el mundo no nos aplaste. Como Flaubert, como Voltaire, como Swift. Oscar de la Borbolla nos muestra a nosotros mismos, sin el ropaje de las ilusiones y sin la máscara de la cordura.

Revista Siempre!, octubre 3 de 1996.

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